Mendoza Holidays
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VALLE DE UCO

Valle de Uco 

 

Si el joven dios Baco que retrató Caravaggio cobrase vida, abandonaría la Galería de los Uffizi en Florencia y, así nomás, con su toga y su cabeza adornada con hojas de parra, tomaría el primer vuelo hacia Mendoza para conocer el Valle de Uco. ¿Cómo podría elegir otro destino que no fuera la tierra del Malbec, donde comer y beber bien son las consignas de cada día? ¿Quién más que el dios del vino quisiera asistir a un gran banquete en los Siete Fuegos de Mallmann, o degustar la última creación de Michel Rolland?

 

Sin duda, este importante personaje de la mitología griega sería un abonado de este enclave a 90 km al sr de la capital mendocina, cuyos enólogos son más famosos que los futbolistas; los edificios de las bodegas reemplazan a los castillos; las cavas, las galerías de arte, y los vinos de etiqueta, las obras de artistas plásticos. En el Valle de Uco, el récord de la altura máxima no lo tiene un rascacielos, sino las cumbres siempre nevadas del Cordón del Plata y el mar de viñedos que crecen a más de 1.200 metros. Aquí, la escenografía es perfecta, con la cordillera como telón de fondo para esbeltos álamos, que son el espectáculo del otoño, e incontables hectáreas de manzanos, perales, cerezos regados por el agua de deshielo de los arroyos. En el Uco, donde el sil calienta trescientos días al año y las noches obligan a acurrucarse junto al fuego, nace una gran parte de los vinos argentinos que conquistan adeptos en todo el mundo.

ANTES, LAS VACAS

Hubo un tiempo, en que la vid no era ni siquiera una sospecha en este valle dominado por los departamentos de Tunuyán, San Carlos y Tupungato. A principios de 1900, 30 mil hectáreas de estas tierras arenosas tenían un solo dueño. Y no era un bodeguero, era el mendocino Fabián Correa, que entonces criaba más de cinco mil cabezas de ganado en su estancia Los Árboles. En esos días, no había vendimia sino veranadas, y lo que se exportaba no eran cajas de vino sino vacas, que se arreaban hacia el otro lado de la cordillera para entregarlas en pie a los vecinos chilenos.

Es un honor escuchar ese relato de la boca de Rafael – Ñoño – Díaz Guiñazú, sobrino de don Corre, y de Fany, su esposa. “Por acá no se oían el francés o el inglés como ahora. Salvo cuando estuvo Walt Disney”, recuerda con una sonrisa nostálgica. “El tío lo había conocido por medio de Florencio Molina Campos. Aunque parezca mentira, Walt Disney también se sentó en los bancos de cuero de la capilla del Sagrado Corazón (hoy rebautizada como San Judas Tadeo) que Fany mandó a construir en 1939 para enseñar catecismo.” El creador de Mickey aterrizó en Mendoza en 1941 en una de las escalas de la misión diplomática que le había encargado a Franklin Roosevelt. El objetivo era recorrer Brasil, la Argentina y Chile para conseguir aliados en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Más allá de la cuestión formal, lo cierto es que Walter Elías Disney aprovechó el periplo para investigar la cultura y el folclore sudamericanos. Parte de las entrevistas que hizo a historiadores y referentes locales, y que inspiraron los personajes de la película Saludos Amigos (1942), se pueden ver en el documental Walt y el Grupo (2008). El detalle de color es que, cuando Disney vino a la Argentina, sus estudios hervían en una huelga de trabajadores que reclamaban un aumento salarial tras el éxito de Blancanieves, con lo que llegó a plantearse la posibilidad de trasladar su estudio a estas latitudes.

Pero volviendo al Valle de Uco, la escena de vacas y gauchos que conoció el afamado productor norteamericano quedó en el pasado, al igual que la anécdota. La revolución llegó en los 90 con la noticia del riego por goteo: el poder del agua en su mínima expresión transformó el desierto en oasis, los corrales en campos de vid, el vino en la identidad del valle y el sacrificado circuito cordillerano de los arreos en el recorrido de pintorescas cabalgatas que convocan a intrépidos aventureros.

 

EL NUEVO MAPA

Olvídese de los mapas ruteros desplegables, de las direcciones exactas y de las coordenadas del gps, sobre todo si pretende hacer uso de ellas después de un roteiro de degustaciones. Orientarse hoy es bien fácil porque los nuevos puntos de referencia son las bodegas. Y no sólo por su clara señalización en los caminos, sino por la imponencia de sus edificios que, de a poco, fueron configurando la nueva cara del Valle.

La arquitectura de estos recintos donde se rinde culto al vino es lo suficientemente impactante como para convocar visitantes de todo el globo y tiene la dosis justa de humildad para no opacar el esplendor del paisaje que las enmarca. Ese equilibrio perfecto entre diseño y entorno lleva la firma de Bormida & Yanzon. Mendocino, este estudio de arquitectos alcanzó tal grado de especialización en la construcción de bodegas que hoy se ha convertido en su propia competencia. En sus tableros nacen creaciones cada vez más sofisticadas que se integran al recorrido obligado.

A la cabeza de sus éxitos está Salentein, propiedad del holandés Mijndert Pon. Además de haber sido el pionero en la zona, su osadía consistió en sumar a la bodega un museo de arte de corte internacional como Killka, una posada – que, tras la ampliación en 2008, ofrece 16 plazas -, dos restaurantes gourmet y una capilla. También concebidos por Bormida & Yanzon nacieron Diamandes, Atamisque y The Vines, que es el nuevo must see del destino, no sólo por su diseño sino por la novedad de la propuesta. Pablo Giménez Rilli y Michael Evans empezaron a comercializar la experiencia del vino 2004, con un wine bar en la ciudad de Mendoza. Y, en 2007, redoblaron la apuesta: Plantaron cuatrocientos hectáreas de viñedos en Tunuyán para instalar el concepto de Private vineyard estate. Desde entonces, cualquier amante del vino puede convertirse en su propio hacedor sin la necesidad de una inversión de escala industrial.

Hoy, The Vines tiene 140 socios que eligieron comprar algunas hileras de viñedos para luego cosechar, Vinificar y comercializar, guiados por el equipo de expertos que encabeza el enólogo Pablo Martorell. En el mismo complejo ya abrió sus puertas The vines resort & SPA, miembro de The Leading Hotels of the world. Cuenta con 20 villas de lujo (a las que se sumarán otras 30), y la cocina está bajo el mando de Francis Mallmann. Francis se luce allí con su segundo restaurante mendocino – el otro es 1884, en la capital -, y lleva el nombre de su último libro, Siete Fuegos. En ausencia de Mallman, es su discípulo Diego Irrera quien arma el show de fuegos. Con la prolijidad de un cirujano en el infiernillo, o desentierra un curanto de cordero frente a los ojos de los comensales. Cada plato genera una escena en la cual se explica su preparación, y cada escena, un intervalo para probarlo con la copa de vino adecuado.

Después del postre, los que todavía puedan moverse tendrán la oportunidad de quemar alguna caloría en la cancha de bochas, y, sino, con la panza llena y el corazón contento, inaugurar la zona de hamacas paraguayas con una siesta entre viñedos.

Otra fórmula vino-cocina es la que se practica en la bodega O Fournier. Propiedad de la familia española Ortega Gil-Fournier, en ella tienen lugar la concepción del vino y un rito gourmet en el restaurante de Nadia Harón, chef talentosa y farmacéutica. Nadia dejó San Sebastián en 2007 para acompañar a su marido, José Manuel, a inaugurar la bodega de Mendoza. Luego, el destino quiso que su hobby se convirtiera en un trabajo. De pronto se encontró a cargo de Urban,  con un sofisticado menú de seis pasos que cambia cada jueves. En 2010, el éxito  la llevó más cerca de la capital mendocina y abrió Nadia O.F – ya fuera del territorio del Valle de Uco -, la extensión de Urban en Chacras de Coria y en versión noctámbula. Cada noche, entre las gruesas paredes de una casona del siglo XIX es posible vivir una experiencia gourmet, que es un fiel reflejo del estilo acuñado por Nadia. Dos ejemplos: el salmorejo con crujiente de berenjenas y sal de pasta de aceitunas negras y las mollejas al jerez en aro de focaccia con espuma de vichyssoise.

 

THE UCO VALLEY

Aunque no lo parezca, el Valle de Uco es mucho más que una maratón de degustaciones de vinos. Y esa es la principal razón por la que los extranjeros lo comparan con Napa Valley, la famosa zona vinera ubicada al norte de San Francisco, en los Estados Unidos. Ambos comparten la excelencia de su producción vitivinícola y una generosa carta de actividades al aire libre para vivir el paisaje. Mountain bike, vuelos en parapente, cabalgatas hasta el límite con Chile. Polo, golf, trekkings y paseos guiados por el área natural protegida de El Manzano Histórico – sitio de referencia cultural donde un monumento recuerda el paso del general San Martín y sus soldados, de regreso de Guayaquil – son algunas de las alternativas de uco.

LA REVOLUCIÓN DEL HUEVO

Por suerte, en este mundo aún no está todo inventado. Y de eso se dio cuenta el joven Matías Michelini, un reconocido enólogo de Tupungato y propietario de Passionate Wine, que vendría a ser una especia de Che Guevara en el mundo de la enología mendocina. Una vez que todas las bodegas instalaron sus tanques de acero inoxidable y sus barricas de roble francés, Michelini mandó a construir ocho cubas ovoides de concreto. Para decirlo en criollo, se trata de barricas de hormigón con forma de huevo que son el último grito de los viticultores Biodinámicos en Borgoña. Y ahora también en las tierras calcáreas de Gualtallary, una zona poco evidente del Valle de Uco donde Matías fundó Zorzal Wines junto con sus hermanos. Su propósito fue hacer un vino libre, auténtico y artesanal con la menor intervención tecnológica.

Por eso, junto con su hermano Juan Pablo – director enológico de Zorzal -, se preocupó por crear estas cubas que recuerdan más al arte de Dalí que a un principio de  la física. El secreto está en sus paredes que, al ser porosas y sin vértices, permiten que el vino respire y circule libremente dentro de la cuba, manteniendo una temperatura homogénea durante el año de crianza, sin necesidad de recurrir a la electricidad. El dato extra es que, según los europeos, gracias a su forma redondeada las uvas absorben la energía de los astros, lo que se traduce en una mayor expresión e intensidad. La primera cosecha (2009) se etiquetó bajo el nombre de Eggo y el resultado fue, según los Michelini, “un vino lineal y fibroso que va como flecha al fondo del paladar”; un vino austero y orgulloso de sus orígenes que no busca conquistar los 90 puntos de Robert Parker, sino contarle al mundo, en primera persona, a qué saben las tierras del Valle de Uco.

Mendoza Holidays ofrece salidas diarias al Valle de Uco visitando bodegas como Andeluna, Salentein, Atamisque, La Azul, Massi, Domaine Bousquet, The Vines of Mendoza, Clos de los Siete, Gimenez Riili, O Fournier, entre otras. Consúltenos para que nuestros especialistas organicen su mejor experiencia entre copas y viñedos, disfrutando de la magia de los Caminos del Vino.

 

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